Sin implicación no hay “Cambio”

No es posible ALIMENTAR EL CAMBIO en los coles sin la implicación y colaboración de las empresas que gestionan los servicios complementarios en los comedores escolares. Parga y López, la empresa que gestiona el nuestro, es todo un ejemplo de esa implicación y colaboración,

… por eso, desde aquí, queremos poner en valor el trabajo de todo el personal (dirección; cocina; atención y vigilancia; administración; suministro …) agradeciéndoles todo el esfuerzo y entusiasmo y haciendo público el texto “Un día en el comedor escolar”, que los representantes de familias en nuestro Consejo Escolar escribieron tras visitar el servicio…

“Un día en el comedor”

El pasado 8 de marzo, los tres miembros representantes de las familias en el Consejo Escolar, junto con la Directora, visitamos el colegio durante las dos horas en las cuales se suspende el horario lectivo, de 12:30 a 14:30, y durante las que se desarrollan las actividades de comedor, patio y actividades extraescolares de mediodía.

Nada más entrar en la zona del distribuidor trasero que da acceso al comedor, al gimnasio, al patio y a las escaleras, y observando el denso tráfico, nos damos cuenta de toda la actividad que se desarrolla en el colegio a estas horas: filas de niños y niñas conducidos por monitoras que se dirigen al patio, otras que van al comedor, otros grupos que son dirigidos hacia las distintas zonas donde se desarrollan las actividades extraescolares. Un auténtico “colegio” paralelo.

En cuanto a la actividad que nos ocupa hoy, el comedor y el patio supervisado por dicho servicio, vamos a intentar transmitir todo lo que observamos. Dicho servicio está compuesto en total por veinticuatro personas, dieciséis monitoras y una coordinadora para la supervisión de los alumnos y alumnas, así como de una cocinera, una ayudante de cocina y cinco auxiliares de cocina.

Para que la comida esté preparada a esta hora, la actividad en la cocina ha empezado a las ocho de la mañana. Todos hemos visto como, a la hora de la entrada al cole, se siguen recibiendo los productos frescos que se consumirán ese día.

Nuestra compañera representante de familias, Isabel, con mucha experiencia en temas de alimentación, y que desarrolla una gran y desinteresada labor intentando introducir productos ecológicos y comidas más saludables en el comedor, nos ha transmitido que, en las visitas de las personas que gestionan la exposición ”Alimentar el Cambio”, los facilitadores de los talleres y actividades, que ya han estado en un gran número de colegios, han expresado la excepcionalidad en la calidad de la cocina del nuestro: “ya no quedan casi cocinas como la de vuestro colegio, donde se elabora el tomate frito totalmente casero, o donde las patatas se lavan y se pelan, y donde casi todos los productos vienen sin elaborar y se preparan directamente en la cocina…” Además, han expresado la predisposición del servicio de cocina para introducir dichos cambios.

Hoy hay de primero sopa valenciana, que es una sopa de arroz con pescado, y muslos asados de pollo con guarnición de pisto con patata, para hacerlo más atractivo para los peques.

Durante el primer turno, que se desarrolla entre las 12:30 y las 13:30, comen los alumnos y alumnas de 1º, 2º y 3º de infantil y 1º y 2º de primaria. Para cada una de las clases hay una monitora en exclusiva, o sea, dos por curso. Los alumnos de tres años comen en su comedor específico. La imagen del comedor de tres años (1º de infantil) es entrañable, con los peques perfectamente sentados en sus sillitas y comiendo solos, aunque asistidos cuando lo necesitan por las monitoras. Los muslitos del segundo plato son desmenuzados por las monitoras utilizando guantes cuando los peques no se pueden hacer con ellos.

Mientras, en el comedor principal, comen los de 2º y 3º de infantil y 1º y 2º de primaria. Normalmente se queda una media de unos 20 alumnos por clase por lo que hay unos 160 alumnos por turno. Primero, les llevan a lavarse las manos. Luego les sirven el primer plato. Algunos de los platos están sobre manteles con nombres para que los niños que tienen alguna alergia o intolerancia alimentaria sepan distinguir su sitio. Si hay alguna incompatibilidad por otras razones, por ejemplo religiosa, se sustituye dicho plato por otro alternativo. Cuando van terminando el primero, las monitoras pasan con bandejas, sirviéndoles directamente el segundo plato. Aunque no guste, hacen comer algo. De ambos platos se puede repetir (del segundo si se ha terminado también el primero, para evitar dejar este por el segundo, normalmente más atrayente para los pequeños). Las cantidades que se sirven nos parecen muy abundantes.

Aprovechamos para visitar los patios, en los cuales ahora están disfrutando de una hora de recreo los más mayores. Estos cuentan con la supervisión de una monitora por curso, y cada uno de ellos utiliza la misma zona que la asignada durante el recreo lectivo. Se aprecia la constricción de espacio de los patios de 3º y 4º de primaria; los alumnos y alumnas que no quieren jugar al fútbol, poco tienen que hacer. Hay una monitora en el vestíbulo entre el patio y el comedor para regular el tráfico y las posibles incidencias. Los que lo desean pueden aprovechar para estar en la biblioteca, donde se encuentra otra monitora, para estudiar o hacer deberes.

A las 13:30 pasamos a compartir el turno de comida con los alumnos de 3º,4º,5º y 6º de primaria. Este turno funciona ya como un autoservicio. Los niños y niñas se ponen en la cola, cogen una bandeja con departamentos y cubiertos, y según van avanzando les van sirviendo los distintos platos. Cada día hay tres alumnos/as ayudantes voluntarios que colocan en las bandejas el pan, las servilletas y el postre. Pueden repetir posteriormente igualmente que los alumnos y alumnas del primer turno.

Yo personalmente no he estado nunca en un comedor escolar, -quizá como muchos padres y madres-, tenemos el prejuicio de que 160 niños y niñas comiendo al mismo tiempo debe ser algo difícilmente controlable, me vienen a la cabeza imágenes quizá vistas en las películas.

Pues bien, los niños y niñas se van sentando y empiezan a comer. Hay un murmullo general, pero nada más. Miro a los niños y niñas hablando entre ellos, sonriendo, comentando sus cosas después de estar sentados junto a sus compañeros en clase durante tantas horas, pero sin poder compartir sus inquietudes. Me quedo absorto mirando, y comprendo que esta hora de comida es mucho más que eso, es un lugar de socialización en un apretado horario escolar que nosotros, los padres y madres, nos empeñamos en rellenar aún más con un sinfín de actividades, y con unos tiempos de ocio cada vez más difíciles de compartir con más niños y niñas en la calle y más dominados por actividades caseras o en centros comerciales. Me gustaría hacerme pequeño y sentarme entre ellos. Ojalá yo de pequeño hubiera tenido ese tiempo cada día.

Ahora nos toca, empezamos a comer; la sopa está muy sabrosa y a temperatura adecuada. De segundo los muslitos de pollo están especialmente bien hechos y nada grasos. Igualmente el pisto.

El tono se mantiene muy controlado y el comportamiento de los alumnos y alumnas correcto.

Cuando van terminando, se van inquietando algo más y el tono sube ligeramente. Tienen muchas ganas de poder salir y apurar algo de patio antes de volver a clase. Hacen cola para entregar las bandejas a una auxiliar de cocina y depositar el envase del yogur en la papelera adecuada. Me imagino que el personal de cocina ya está muy ocupado recogiendo, pero quizá una segunda persona formando otra cola durante estos últimos minutos haría esta pequeña, pero para ellos eterna, espera más corta.

Los tres representantes de familias coincidimos en que la experiencia ha superado todas nuestras expectativas. Desde aquí queremos hacer una mención especial a todas las personas que trabajan en el servicio de comedor: a las cocineras por la calidad de los menús que elaboran; gracias a ellos podemos considerar que nuestros hijos e hijas llevan una dieta saludable, a pesar de lo que pecamos con ellos en las cenas y los fines de semana; a todas las monitoras que, con una actividad constante, consiguen que más de trescientos niños y niñas aprovechen intensivamente estas dos horas comiendo y  socializando con sus compañeros y compañeras. Creemos que los padres y madres debemos inculcar a nuestros hijos e hijas el respeto y la misma consideración para ellas que el que tienen para el resto del personal docente.

Animamos a todos los padres y madres a que aporten sus sugerencias para seguir mejorando aún más este espacio tan importante para el desarrollo de nuestros hijos e hijas.

Representantes de familias del Consejo Escolar CEIP ERMITA DEL SANTO

 

 

 

Aprovechamos para resumiros los cambios introducidos en los menús gracias a la colaboración de la Dirección de la empresa y el personal de cocina.

Introducción de alimentos más saludables:

Desde noviembre, los menús de comedor incluyen una vez al mes lentejas y pasta ecológicas.

A partir del mes de enero se priorizaron los alimentos de temporada en los menús y se introdujo una nueva verdura, la lombarda, rehogada con cebolla y manzana, que tuvo una aceptación mayor de la esperada.

En mayo se han introducido frutas (manzanas y peras) y hortalizas (calabaza y zanahoria) ecológicas. También se ha optado por probar con la coliflor en crema (la coliflor cocida dejó de elaborarse por su poca aceptación entre los niños).

Al menos una vez al mes, el yogur de fruta envasado individualmente, se sustituirá por yogur natural con miel, pues en abril se introdujo como prueba y fue un gran éxito.

 

Cambios en la elaboración de los platos:

Las salsas se elaboran con productos de temporada.

En los menús provisionales que planifica Parga y López, cuando el segundo plato es proteína animal y el primero la contiene, en este último se suprime o se cambia por verdura.

Se han reducido muy significativamente “los fritos”, sustituyendo el modo de elaboración por cocinados al horno.

 

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